Impresión 3D por encargo: tú traes el archivo, nosotros la pieza
Es el servicio central de la división y el más simple de contratar: ya tienes el modelo hecho —lo diseñaste tú, lo descargaste o te lo pasó alguien— y lo que necesitas es que exista en la vida real.
Imprimir no es darle a un botón
El mismo archivo puede salir bien o salir mal según cómo se prepare antes de mandarlo a la máquina, y ahí es donde está el trabajo que se paga. Tres decisiones lo definen casi todo:
- —La orientación. Una pieza impresa es más débil entre capas que dentro de una capa. Si se orienta mal, se parte justo por donde va a recibir el esfuerzo. Por eso preguntamos para qué es antes de imprimir.
- —Los soportes. Todo lo que quede en el aire necesita un andamio que después hay que retirar, y retirarlo deja marca. Dónde caen esos soportes decide qué cara de tu pieza queda impecable y cuál no.
- —El relleno. Las piezas no salen macizas. Cuánto material lleva por dentro cambia lo que aguanta y cambia el precio: un adorno no necesita lo mismo que un soporte que va a cargar peso.
Ninguna de las tres la tienes que decidir tú. Cuéntanos qué va a hacer la pieza y las resolvemos nosotros.
Qué revisamos antes de aceptar el archivo
No todo modelo 3D está listo para fabricarse. Un archivo pensado para verse en pantalla puede tener paredes de grosor cero, agujeros en la malla o piezas que se cruzan entre sí — cosas que en una imagen no se notan y en una impresora sí.
Antes de cotizar lo abrimos y lo miramos. Si hay algo que corregir te lo decimos, y según el caso lo arreglamos nosotros o te explicamos qué tocar para que lo hagas tú. Lo que no vamos a hacer es imprimir sabiendo que va a fallar.
También miramos el tamaño: si tu pieza no entra en la impresora, no se acaba ahí la conversación — se corta en partes y se ensambla después.
Manda tu archivo y lo revisamos
Te decimos si está listo para imprimir y cuánto sale, antes de que confirmes nada.
Consultar por WhatsApp¿Todavía no tienes el archivo? Lo modelamos nosotros